miércoles, 2 de abril de 2014

FRONTERA DE ESPINAS





  ¿ Quien puede detener a la verdad ?, al otro lado de cada acción siempre hay una reacción,
     tener enfrente la duda, crea un campo de insatisfacción que termina donde empieza la     
     intolerancia .
    Sobre los echos acaecidos en Siria, solo se puede gritar ante la injusticia, la barbarie y la
    sin razón. Que queramos defender lo indefendible,no nos hace justos,que queramos esconder
    lo que esta a la vista de todos, no nos impedirá verlo por que aunque miremos para otro lado
    también allí lo veremos. Podemos esconder la cabeza bajo la tierra como las avestruces,pero
    su llanto,su dolor llegara a nuestros oídos mortificándonos, haciéndonos ver nuestro egocentrismo.
    Las vallas,las espinas,los fosos,las fronteras no serán impedimentos para aquellos que huyen 
    de su propia desgracia,desgracia por ser diferentes,pobres y sin futuro, no habrá puertas que 
    puedan detener a los que buscan un porvenir para ellos y sus hijos, un futuro mas allá de sus 
    vacías manos y de sus pies descalzos. Besan nuestra tierra cuando la pisan, miran al cielo y 
    se limpian las lagrimas dando gracias a algún Dios allá en las alturas,la esperanza se les manifiesta
    en forma de sueños,de heridas en sus cuerpos y corazones, saben que el destino les ha sonreído
    de momento y muy débilmente y que no deben mirar atrás. 
    Europa tiene la responsabilidad de hacer frente a lo que se nos avecina, de abrir sus fronteras
    y de acoger en su cierta medida, a los que por la hambruna, las guerras y persecuciones,las catástrofes
    y epidemias, llamen a nuestras puertas pidiendo ayuda y no solo por humanidad si no por coherencia
    humana pues si no lo hacemos, serán ellos mismos en forma de avalancha, los que se abrirán paso
    derribando cualquier barrera física y psicológica que puedan encontrar en su camino.   


    
  

domingo, 24 de mayo de 2009

COLORES


Si el verde padece la muerte, y el gris cobra la vida, ¿no sera que el blanco ya no existe?, ¿y el negro ahora ilumina? Por que el camino se estrecha y las miradas buscan consuelo, decidme, si el error de la humanidad,no son sus propios celos. Arrogar al mar a vuestros hijos, desgarrar la tierra con vuestros llantos. Que las madres aborten primaveras y veranos, nadie suplicara,nadie. Rojo de sangre rojo, el cielo vomita, desnudo sin alma,mi corazón grita. Quizás solo polvo seamos, y como tal, nos extinguiremos con un leve soplo de aire.

martes, 6 de enero de 2009

desproporciones

DESPROPORCIONES
Esta semana he leído en la prensa diversas informaciones sobre un nuevo ataque de Israel contra Palestina, el enésimo en una larga serie de genocidios que ya dura demasiados años.
El todopoderoso gigante ultra religioso contra el modesto David fundamentalista, dos antagonistas fanáticos y locos: si uno es malo, el otro es peor.
El primero cuenta con la aquiescencia del tío Sam; lo que, de alguna manera, en España (y supongo que también en otros muchos países) añade a esta salsa el condimento político que le faltaba: Unos partidos que apoyan y aplauden a los asesinos (bueno, esto no es ninguna sorpresa) y otros que defienden la causa Palestina y musulmana (esto tampoco).
Israel ha bombardeado y masacrado pueblos y ciudades palestinas, ha asesinado gente indefensa, les ha despojado de sus casas y ha construido en Gaza el mayor campo de concentración de la historia, bloqueando la entrada de medicinas y alimentos. Limita y censura la información, expulsa y detiene a su antojo a los periodistas y disidentes políticos y, en fin, ha construido su propio “patio trasero” en Oriente.
Todo esto, con ser por sí mismo motivo de indignación, ha conseguido que la clase política española alcance nuevas cotas de absurdo servilismo y aterradora tibieza a la hora de tomar posición. Y es que numerosos políticos parecen haberse puesto de acuerdo en una cosa: el genocidio del pueblo de Palestina es simplemente una respuesta desproporcionada de Israel que se podría haber resuelto, quizá, con matar un poquito menos. Por fin hemos conseguido un nuevo concepto socio-político, y eso que parecía ya todo inventado: la desproporción.
Y es que Israel no comete una masacre, es sólo que no ha sabido, lamentablemente, guardar la proporción deseable. Imagino a los señores políticos españoles explicando este concepto a un niño palestino con las piernas amputadas por un desproporcionado misil israelí; o a esa madre que tuvo que recoger los trozos de sus hijos entre los escombros. O a esos miles de personas que se han quedado sin hogar, sin familia...
Imagino a estos preclaros y muy eminentes sabios explicando a las víctimas del 11 de septiembre o del 11 de marzo que los lunáticos musulmanes tan sólo se habían excedido levemente en sus ataques; vamos, que no habían sabido guardar la proporción adecuada. Y es que, gracias a estos grandes pensadores contemporáneos, ahora comprendo que Adolf Hitler tan solo fue un señor que aplicó una respuesta desproporcionada sobre millones de personas, que si hubiese matado un poquitín menos... vamos, que se le podría perdonar. Ahora -gracias, señores intelectuales de las proporciones- la historia de la humanidad se abre ante mí como una simple cuestión de proporciones, como el arte de la pintura y la escultura.
La inquisición española no asesinó para imponer el poder absoluto del estado, simplemente falló en su cálculo de la proporción delito/castigo, al igual que Stalin, ese señor con poco conocimiento de matemáticas que erró en sus cálculos al desproporcionar millones de personas; o los Estados Unidos que tampoco anduvieron muy finos al desproporcionar tanta gente en Panamá, Iraq, Vietnam, Hiroshima y varios etc más.
Así mismo, Pinochet, Franco y los militares argentinos no instauraron regímenes fascistas ni asesinos, sólo fueron unas víctimas más de la desproporción.
¿Que su mujer le deja y usted la mata un poquito? Desproporción. ¿Que unos chorizos entran en su casa, le dan una paliza y violan a su señora? Desproporción. ¿Que a un señor le matan a hostias en una comisaría? Desproporción. Todo está en la proporción de las cosas, queridos amiguitos,
Eso sí, ahora espero ansiosa e impacientemente que alguno de estos insignes políticos nuestros me explique más detalladamente en qué consiste, exactamente, y cuánta gente tiene que matar Israel en Gaza para guardar la proporción adecuada.

Jesus Fernandez Robledo (chuchi) colaborador

domingo, 7 de diciembre de 2008

LA GRANDEZA DEL DIABLO



´´ LA GRANDEZA DEL DIABLO`` los candelabros sobre la mesa aparecían limpios y pulcros,en el ambiente flotaba  un olor a madera de santos y a ese olor agrio que desprenden las velas al quemarse la cera. La luz cenagosa de la mañana entraba por el tragaluz de la pared central de la sacristía, Don Esteban se hallaba sumido en sus oraciones matinales,rezaba de forma casi automática pero en su subconsciente las ideas de su vida,afloraban como maderas sobre el agua,las cuentas del rosario se deslizaban suavemente sobre sus dedos y sus labios canturreaban una oración débilmente,mientras miraba los ojos desolados del crucificado que tenia delante de si,por encima de su cabeza.Cerraba los ojos queriendo olvidar sus pensamientos para poder rezar, pero una y otra vez el sexo venia a turbar su mente. Sentía como su pene se ponía erecto,bajo la sotana y le hacia daño,miraba alrededor para cerciorarse de que nadie le veía,luego alzaba la vista hasta el crucifijo y se santiguaba queriendo apartar aquellas ideas lascivas,pero no lo conseguía,rezaba en voz alta tratando de olvidar unos cuerpos femeninos que se paseaban delante de el ,se llevo las manos a la cara y lloro.Pero las lagrimas se resistian a brotar de sus humedos ojos,aquellos pensamientos se venian repitiendo desde hacia un mes,no sabia como empezo todo aquello,tampoco sabia como arrancarselo de su perfida mente.En esto alguien le golpeo en el hombro,volvio la cabeza y vio a un niño vestido de blanco,con numerosos rizitos rubios que le caian sobre sus ojos. ¡Don Esteban,le espera fuera una señora;quiere confesarse. Al principio creyo que se trataba de un angel,pero al oir su voz sus pensamientos bajaron a tierra firme y con un titubeo exclamo: _¡ya voy,ya voy.Salio de la sacristia apesadumbrado oyendo sus pasos sobre las losas luego se amortiguaron al pisar la alfombra de color ocre, que iba desde el altar hasta las puertas de la iglesia,se paro e hizo una jenuflexion al mismo tiempo que se santiguaba,sonrio levemente al ver a la mujer que venia a purificar su alma,dio unos ``buenos dias`` algo cansados y se introdujo en el confesionario.Al instante ,aquella mujer comenzo a ennumerar sus pecados,el cojio nuevamente el rosario y empezo a rezar por aquella buena mujer. De una forma insospechada en sus ojos claros destelleo una luz interior y suspiro , soñaba con abrazar a una mujer y besar todo su cuerpo,aquella frivolidad de su espiritu le hacia dudar sobre la ardiente religiosidad que tenia los primeros años de sacerdocio,reflexiono sobre lo que acababa de pensar,sobre lo que le indujo a convertirse en cura,ahora que lo meditaba no acertaba a saber lo que fue,¿quizas un amor sobrenatural a Dios?,¿quizas por encontrarse a si mismo?.No lo entendia se veia con desconfianza y no queria quedarse a solas consigo mismo,aquellos pensamientos pueriles empezaban a atemorizarle,sentia vergüenza de su propio cuerpo y se comtemplaba con estupor,con su rostro inexpresivo,receloso e incoherente a la vez.Metio su mano bajo la sotana y comenzo a masturbarse,mientras escuchaba los pecados y desgracias de aquella mujer,con la cabeza erguida,apoyada en la pared de madera del confesionario y con el rostro estirado,lleno de muecas como martirizado y flagelado igual que un santo sacado de un cuadro de miedo. Tubo la impresion de estar haciendo el amor,con una mujer rubia de cara limpia y saludable,de algun modo vio en ella a la virgen Maria,finjio llorar y totalmente encolerizado disimulo su engañadora pureza hasta consumar el acto. El semen golpeo blandamente con un sonido sordo la puerta del confesionario. Despues quedo pensativo,con su mas maximo rigor de desprecio hacia si mismo, analizo lo que habia hecho con un misterioso aspecto meditabundo y se maldijo, aun escuchaba a aquella mujer con sus palabras de plata mortificandole,ayudandole a recordar que era un sacerdote y que habia jurado todos los votos de castidad. Sus ojos parecian arrojar fuego y penso  en el mayor castigo que debiera imputarse le; se veia devorado por bandadas de  lugubres y negros cuervos,ardiendo eternamente en las llamas del infierno,deverian encerrarle en un subterraneo donde ejercitos de ratas salvajes le comieran las entrañas.Cautelosamente metio su mano en el bolsillo interior de la sotana.La mujer se había callado y esperaba ansiosa la absolución, pensó; que a lo mejor don Esteban no advirtió que ya había terminado y débilmente llamo su atención pronunciando su nombre,pero no hubo respuesta,intento ver a través de las rejillas del confesionario pero todo estaba negro y no llegaba a ver nada ,solo una tremenda y fría oscuridad,se levanto y abrió la puerta del pequeño habitáculo,don Esteban cayo hacia adelante golpeando el suelo con la cabeza, en su mano había una navaja,que utilizaba para pelar la fruta y cortar las velas,la mujer chillo una,dos,tres veces seguidas al ver un profundo corte en su cuello de donde manaba abundante sangre de un intenso color negruzco,se oyeron unos pasos rápidos sobre las losas de la iglesia y al mismo tiempo varios gritos poseídos por una fuerte emoción de miedo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Un barco sin rumbo.
Y a pesar de que haya navegado por otros mares, nunca hallé una mujer que me diera lo que tú. Aunque viva mil años, aunque mil mujeres compartan mi cama, sé que ningún otro cuerpo me hará olvidar el tuyo.
Porque cuando mis manos recorrían otros pechos eran tus pechos los que buscaban; cuando mi boca besaba otros labios era tu lengua la que besaba; cuando mi polla embestía otro vientre era el tuyo por el que avanzaba. Porque fuiste tú la primera, la única, mi flor y mi deseo; porque en todas te busqué a tí y en ninguna te encontré... ¿Cómo decirte que ya no te quiero si nunca te dije que te quería? Y, a pesar de todo lo que he dicho, lo más probable es que tan sólo quiera encontrarte, sí, pero en otra y en otro cuerpo; en otra mente y en otro lugar.
Encontrar tus besos, tus caricias y abrazos; tu olor y tu cariño en otra mujer que no seas tú. porque el volver al pasado es como intentar resucitar a un muerto, aquel muerto que nunca vivió. Aquel amor que nunca nos tuvimos pero que existió, como una estrella fugaz, cruzando el cielo de una noche de nuestras vidas.
Y recorreré cientos de caminos pero todos serán el tuyo: el mismo paisaje, la misma gente, las mismas palabras... y diré mil veces "te quiero", pero siempre será mentira; porque la única vez que habría sido verdad me callé: dos palabras que murieron en mi boca.
Y caminaré de la mano con otra, pero será tu mano la que apriete; y rodearé otra cintura pero será la tuya la que desee. Porque me marcaste para siempre y ni el sabor del más exquisito manjar será comparable a una caricia tuya, porque arden en mí mil infiernos que tú prendiste, porque aunque me arranque la piel a tiras no llegaré a sentir el dolor que sentí al perderte, porque es mejor estar muerto que no estar a tu lado, porque me odio y quiero matarme, porque tú eres yo.

Jesus Fernandez Robledo (chuchi) colaborador
LA SANGRE Y EL ACERO
Hubo un tiempo en que no era nada fácil la vida en las tierras de las montañas: ataques de forajidos, violencia sin justificación, peleas, vino barato que enturbiaba las mentes…
Era una época de malandrines; asesinos a sueldo, que por unas monedas de oro cortarían el cuello a sus madres; de rufianes codiciosos que asaltaban al viajero en cualquier recodo del camino. Una era de fanáticos religiosos capaces de quemar vivo a cualquiera que no pensara igual que ellos, de soldados que arrasaban los campos en nombre de su señor; que violaban a las mujeres y aplastaban la cabeza a los hombres para robarles un mísero trozo de pan; un período amargo, cruel y despiadado en que el más fuerte era siempre quien tenía la razón, y el fulgor de una espada se imponía sobre el bien y la justicia.
En aquellos días de perdonavidas, nobles corruptos, religiosos libertinos y toda una larga estirpe de gentuza había, sin embargo, un lugar donde la paz, la concordia y la armonía brillaban como una rara estrella en un cielo de tinieblas: Hermoso, lindo pueblo asentado a la falda de una montaña, olvidado de todo y de todos.
El tiempo y el polvo se acumulaban en las resecas calles de Hermoso, donde no parecía suceder nunca nada y donde el tiempo se había detenido en una eterna laxitud perezosa.
Los niños jugaban indolentemente en las calles mientras sus padres recogían la cosecha sin otro interés que sobrevivir un día más a aquel estado de quietud e indolencia.
Unas pocas casitas apelmazadas en torno a una mísera iglesia de piedra conformaban aquel lugar del que nunca se acordaron ladrones, asesinos ni –afortunadamente- los poderosos. Y, en medio del pueblo, junto a la iglesia, el ayuntamiento. El único lugar donde sucedía algo, si es que algo pudiera suceder en Hermoso.
Allí los campesinos dirimían sus querellas, se escuchaban chismorreos y se despotricaba contra el alcalde y alguacil mayor del pueblo, don Juan de la Luz Tranquila. Hombre que, por otra parte, hacía honor a su apellido pese a poseer la única espada del pueblo, una herrumbrosa arma que lucía con orgullo y que los demás habitantes del pueblo se preguntaban si sabría, tan siquiera, empuñar.
El señor De la Luz Tranquila más de diez años llevaba en aquel lugar, nombrado directamente por el conde del Sapo Verde, dueño y señor de aquellas tierras que jamás se había dignado visitar ni, probablemente, recordara su existencia.
Y llegó la primavera, una más en aquel miserable pueblecito; donde, por no pasar, no pasaban ni hambre e, incluso, a veces la muerte se olvidaba de recoger a sus presas, viviendo aquellas gentes sus largas y aburridas vidas en paz. Jamás, digo, se vio lugar más insustancial que aquel, ni alguacil más manso y pacífico que el susodicho don Juan.
Aquel primer día de primavera estaba el ínclito alguacil junto a su ayudante el infante Nuño Piojoso, repasando el mil veces repasado libro de cuentas del ayuntamiento, cuando algo desgarró, súbitamente, la armonía del pueblo.
Un atronador sonido de cascos de caballo cruzó como una exhalación la calle principal de la villa –que, dicho sea de paso, era la única que merecía aquel nombre -y un caballero totalmente vestido de negro cabalgó veloz hasta el ayuntamiento de Hermoso.
El jinete, sabiéndose observado desde todas las ventanas del pueblo, atronó con voz ronca:
-¡Alguacil! ¡Alguacil! Presto vuesa merced salga.
-Ya va, ya va… -contestó lánguidamente una voz desde el interior. Nada había en el mundo, ni bajo el cielo ni sobre él, que pudiera alterar al alguacil de Hermoso. O casi nada.
Con paso lento, don Juan salió del edificio ante la mal disimulada impaciencia del corcel negro, quien no dejaba de lanzar recelosas miradas en torno suyo, como si temiese que en cualquier momento el diablo mismo apareciese tras de él.
-¿A qué viene tanto alboroto? ¿Qué es lo que se os ofrece, noble caballero?
El hombre sacó un pergamino enrollado de su faltriquera y se lo entregó bruscamente, sin decir palabra. Luego, con agilidad, subió a su caballo y se alejó en dirección contraria a la que había venido, como temiendo volver por el mismo camino.
-¿Acaso Satanás es quien persigue a ese extraño jinete? –comentó Nuño, a la espalda del alguacil.
-Tomad, malandrín, y decidme qué es lo que se avisa en este escrito.
Don Juan se jactaba que, debido a su alta cuna, nunca tuvo por necesario aprender a leer ni escribir y dejaba esos menesteres para su ayudante. Éste tomó el pergamino y, ansioso de saber en qué terminaría aquella empresa, lo desenrolló y comenzó a leerlo en voz alta.
-Yo, don Iván y Vienen De por Aquíyporallá, conde del Sapo Verde, marqués Itoenporciones, señor del señorío del Café con Leche y vicegobernador de Todalahostia, gobernador que lo soy por dios nuestro señor y nuestro bienamado rey don Tubérculo I de…
-Al grano, saltaos la presentación, pardiez.
-… comunico a vuesa merced, para que tome las diligencias que estime oportunas, en consideración a los muchos servicios prestados a este condado…
-¡Voto a Dios, id a lo que importa, maltito bellaco! –insistió don Juan.
Asintió Nuño y, tras unos segundos, prosiguió.
-… que, habiendo recibido el aviso pertinente por parte del justicia mayor de aqueste reyno, se le informa de la siguiente terrible noticia: Y no es otra que el señor Don Jaime Dueleunpie Yelotromás, por mal y nefasto nombre conocido como Jaime el Sanguinario sin Clemencia, con ayuda de siniestros elementos ha logrado evadirse de las mazmorras en que los justos y santos tribunales de esta corte le habían recluido de por vida, a causa de sus criminales fechorías sin fin. Por lo cual, siendo público que este grave malhechor juró descuartizar a vuecencia y empalar a toda su descendencia en medio de infinitos dolores, lo pongo en conocimiento de vuesa merced, a quien Dios guarde muchos años, cosa que dudo.
Asimismo es mi deber comunicarle que las huestes de aqueste conde no hállanse en disposición de socorreros pues, lamentablemente, debido a órdenes expresas de la condesa, en estos momentos se hallan en misión especialísima, vigilando a su gato.
-Pero… esto es horrible- se interrumpió Nuño, cuyo rostro habíase demudado por completo.- Jaime el Sanguinario… arrasará la villa, quemará nuestras casas, se llevará nuestros cerdos y fornicará a nuestras mujeres, o al revés… es el fin, es el caos… - y no pudo evitar echarse a llorar como una damisela.
-Tened calma, perillán, que nada de eso acontecerá pues para algo soy y seré don Juan Tranquilo, alguacil y alcalde de aquesta villa, y es mi cometido mantener el orden y las leyes de nuestro señor don Tubérculo I, y voto a Dios que no ha nacido el hombre que haga torcer mi brazo ni detener mi espada.
-¡No seáis necio, mi bienamado señor! ¿Acaso la locura o el miedo enfanga vuestro entendimiento? El terrible don Jaime es el mayor asesino y criminal jamás conocido en suelo cristiano; más terrible y feroz que el moro, y nada ni nadie se antepone ante él. Tan sólo los grandes ejércitos de nuestro poderoso rey –y a fe mía que con extraordinaria fortuna- lograron una vez apresarlo, y para eso tuvieron que recurrir a toda su caballería.
-Tened fe, malandrín, que no sucederá nada de eso que teméis, y confiad en vuestro señor. Que, en el peor de los casos, es sólo a un hombre a quien buscan, y ese soy yo.
-Pero no comprendo, mi noble señor, qué interés pueda tener tan poderoso rufián en vos, que no sois sino poquita cosa. Ni tan siquiera podríais batiros en duelo ante tan formidable caballero.
-Pardiez, que ya me estáis importunando con vuestras insolencias. Callad, que yo soy hombre que sé arreglar mis propias cuentas y lo que suceda entre ese Jaime el Cruel y yo es tema personalísimo que no concierne a nadie más. Id, id ahora mismo a dar de beber a los caballos, y no converséis de este tema con nadie.
Pero Nuño, asustado y temeroso, desobedeció a su amo y no perdió el tiempo en propagar la mala nueva por la villa, cosa que apesadumbró y amedrentó a todos, de tal suerte que aquella tarde las gentes encerráronse en sus casas, atrancando puertas y ventanas, presas de un gran e invencible pavor.
Y sucedió, pues, al caer la tarde, que gran ruido de caballerías atrajo la atención del alguacil, y éste se asomó a la desierta calle, sospechando lo que allí sucedía. Pudo ver un gran movimiento que se dirigía hacia el ayuntamiento, levantando una gran polvareda.
-¡Nuño! Venga, perezoso, zopenco, traed ya mis armas, que ha llegado la hora, y no puede retrasarse.
Con las piernas temblando y la faz blanquecina, el sirviente asomó a la calle portando la espada y el roñoso escudo de su amo, armas que a duras penas servirían para enfrentarse a un niño, cuanto más a aquel espantoso ejército. Don Juan púsose sus armas al tiempo que Nuño huía asustado a esconderse en el ayuntamiento.
Algunos ventanales se entreabrieron para ver pasar aquel gentío alborotador, a cuyo frente marchaba un fornido general, de luengas barbas, y de faz poblada con varias y espantosas cicatrices.
Medía aquel hombre –más bien aquella bestia- casi dos metros de altura, y sus brazos asemejaban dos mazas de hierro. Todo en él era terrorífico, espantoso y feroz, y su rostro hallábase contraído por una ira y rabia infinitas.
Con un golpe seco levantó el brazo y todo aquel tropel, al unísono, se detuvo en seco, obedientes, tanto que ni un solo caballo osó moverse de su sitio, tal parecía el pavor que las bestias sentían por Jaime el Sanguinario.
Bajó pues de su cabalgadura, a escasos veinte metros de don Juan y, enarbolando una terrible maza en cuya punta se erguía una bolla llena de afilados clavos, enfiló hacia el alguacil con el rostro demudado por el odio.
Don Juan, por su parte, se mantuvo firme y no se movió de su sitio, ni daba muestras de temor, cosa que conmovió a aquellos que, venciendo su miedo, se atrevían a asomarse soslayadamente por los ventanales, curiosos de saber en qué acababa aquella cuestión, aunque ninguno dudaba que la cosa terminaría con don Juan partido en dos, en medio de un charco de sangre, los sesos asomando al aire, el pueblo quemado, las mujeres violadas y más de cincuenta o sesenta muertos. Y, sobre todo, con los gorrinos comidos por aquellos bandidos.
-Vos, maldito hijo de puta, al fin os llegó la hora, marrano- clamó con voz potente aquel demonio, con una voz que parecía salida directamente del infierno. Si había alguna duda de la maldad de aquel ser, quedó ahora despejada. –Puto, traidor, os machacaré, os voy a causar tanto dolor que desearíais no haber nacido. Bellaco, marrano, sacaré de vuestro podrido cuerpo toda la sucia sangre que en él anida…
-Mucho os gusta de hablar, a vos, y poco veo que hagáis.- le reclamó don Juan.
Ante la sorpresa general, Jaime el Sanguinario titubeó y pareció desconcertado. Avanzó un poco más hacia su víctima, volviendo a vociferar.
-Nadie jamás se ha podido jactar de ofender a Jaime Dueleunpié y vivir para contarlo, perro.
-¿Ofendido? Fue vuesa merced quien ofende al resto de la humanidad con esa vida de depravación y mezquindad que no hace sino ofender a nuestra sagrada religión y a nuestros reyes. ¡Cobarde, ladrón, asesino!
Entonces, ante el pasmo general de los curiosos quienes -olvidadas las primeras precauciones- se asomaban ya a cara descubierta por las ventanas, don Jaime comenzó a balbucear y a sollozar:
-P… pero… ¿cómo podéis decir eso de mí? ¿Cómo… osáis…?
-Digo que sois un ladrón y un canalla, y un saqueador sin escrúpulos que pronto caerá bajo el yugo de la justicia.
-Pero… si sabéis… si vos sabéis muy bien que todo lo hice por ti, mi amor, que robaba… sólo para que tú tuvieras una vida fácil y no te faltase de nada, amor mío.
-Palabras, palabras. Nunca me habéis demostrado vuestro amor, sólo os importaba ir con vuestros amigotes y me olvidabais en casa.
En ese momento don Jaime, llorando como una doncella, se acercó hasta Don Juan y, sin decir palabra, abrazóle muy fuertemente y comenzó a besarle por boca y cuello con gran entusiasmo, hasta que el alguacil, devolviéndole las caricias, besóle en la boca muy larga y fuertemente.
La cohorte de don Jaime el Sanguinario se deshizo en un murmullo que llegó hasta las casas.
-Si ya lo sabía yo –comentaba uno- que se amaban, sabía que esto acabaría así. ¡Ay, Guzmán, pasadme un lienzo que estas escenas emociónanme harto!
-Ved, don Godofredo –decía otro- lo hermoso y lindo que es el querer, que olvida y perdona todos los sufrimientos pasados.
Y así, la cohorte de asesinos y criminales se deshizo en llantos de alegría y suspiros ante la escena que estaban viendo; mientras los vecinos de Hermoso no daban crédito a aquel final tan inusitado e inesperado.
Y, finalmente, ambos antiguos rivales caminaron de la mano hasta la montura de don Jaime, en la cual subieron y, muy apretados, se acariciaron largamente. Luego a una orden de su general, todos partieron al galope, dejando tras sí una nube de polvo y estupefacción en el mísero y aburrido pueblo de Hermoso. Y aquella fue la última vez que vieron a Don Juan aquellas gentes.
Desde entonces, se canta en aquellas tierras la gesta de Juan el valiente, quien se enfrentó en solitario a un ejército de enemigos, los cuales se le llevaron con ellos a un lejano y enigmático país.
Y, dicho esto, termino ya mi relato, con la enseñanza de cómo el cariño y el aprecio pueden con todo, por encima de rencores pasados; relato que escribo para ilustración de vuesas mercedes que se han dignado leer este humilde ejemplo.

Jesus Fernadez Robledo (chuchi) colaborador

viernes, 8 de febrero de 2008

BALAS BLANCAS

Alguien en este preciso momento,en un rincón oscuro,o,a plena luz del día,carga un arma; a la espera de que tu, aprietes el gatillo.BALAS BLANCAS ,PARA LA OVEJA NEGRA. A la vez que rasuran sus cabezas , rasuran sus ideas , se esconden tras banderas y signos de decadencia y barbarie.¿ no tuvimos bastante con el genocidio de un tarado mental?. ¿ Acaso no nos importaría repetirlo.? Sus mentes están labadas por aquellos que quieren un mundo en caos.Una anarquía asesina,donde no reine mas rey que la destrucción la venganza y la intolerancia.Un mundo creado por y para ellos,donde todos los hombres imploren abnegados y supliquen morir, antes que sufrir los crueles tormentos a los que serán sometidos.La xenofobia, no es mas que un estado anímico del hombre, una justificación de su propios fracasos y no hay mejor forma de desahogarse que matar a tus semejantes sobre todo si son de otro color,raza o religión. La tensión generada por una sociedad cada día mas competitiva, mas cruel y mas desalmada, hace que las ideas macabras y el odio que encierra dentro de si ,cada individuo, afloren a la superficie y se dejen notar, trajicamente,en los periódicos,la television y la radio.Nada mejor que una buena paliza a un moro,judío o negro; para calmar la sed de venganza,nada mejor que quemar una casa o chabola, sobre todo, si quien la habita es distinto a ti.Nunca digas;¨ Nunca jamas¨, nadie escapa a esta lacra que la sociedad esta creando de su propia costilla,nadie puede eludir algo tan natural y arraigado en el hombre como es el ODIO,ni siquiera TU.

sábado, 2 de febrero de 2008

NUESTRA QUERIDA LEY

Ya ves,siempre crei que la ley es cosa de todos,pero mira por donde no es asi. parece ser que si alguien te ataca tu tienes que obedecer por que lo de:Defensa propia ,no te sirve ante una justicia tercermundista y chocolatera. y es que hoy en dia se venden armas como churros.Ya no se necesitan polizas ni papeleos,simplemente llegar y elegir el pistolon que quieras.Asi pasa,que estas en tu casa tan tranquilo,acariciando el muslo a tu señora y pegando patadas al ñiño que te incordia con el calcetin,cuando te salta uno con la cara dentro de una media y te pide la cartera y el agujerito de la señora,vaya que lo de la femina podria pasar, pero mira que lo de la cartera tiene ¨guevos¨ osea ;pelas ,que no esta uno ni la vida como para ir tirando el dinero a cada atracador que te acosa. y,la ley,¿que hace?.Nada,seguir chupando del asqueroso puro que le has comprado,para que sus sentimientos hacia ti sean preferentes y lo unico que hace es decirte :No se preocupe lo resolveremos enseguida.Pero pasan los años y el caso cria moho en el quinto cajon de un archivo que padece obesidad devido a tanta ingestion de papel sin poder defecar ni la tinta que lleva impreso el documento. Las secretarias se prostituyen con sus jefes de buffete ,los magistrados se alcoholizan ,los fiscales se ahogan en sus lujosas piscinas y los jueces se duermen en las rodillas de una politica infame y despreocupada ,que intenta servirse otro coñac a la cuenta, una cuenta que se amontona y amontona en carceles y demas centros especializados para tratar a esos pobres angelitos negros claro que algun dia cansados de labar cerebros y de hacer el gilipollas se percataran de sus errores y condenaran a aquellos que realmente cometieron un delito.Lo cierto es que seguimos esperando un juicio digno.Ya,ya nos lo han repetido hasta la saciedad:¨¨la ley es lenta¨¨ ,pero coño una cosa es que vaya despacio y otra que no haya DIOS que la haga moverse. by CHOZASWRITEMCOMPANY s.a.