Un barco sin rumbo.
Y a pesar de que haya navegado por otros mares, nunca hallé una mujer que me diera lo que tú. Aunque viva mil años, aunque mil mujeres compartan mi cama, sé que ningún otro cuerpo me hará olvidar el tuyo.
Porque cuando mis manos recorrían otros pechos eran tus pechos los que buscaban; cuando mi boca besaba otros labios era tu lengua la que besaba; cuando mi polla embestía otro vientre era el tuyo por el que avanzaba. Porque fuiste tú la primera, la única, mi flor y mi deseo; porque en todas te busqué a tí y en ninguna te encontré... ¿Cómo decirte que ya no te quiero si nunca te dije que te quería? Y, a pesar de todo lo que he dicho, lo más probable es que tan sólo quiera encontrarte, sí, pero en otra y en otro cuerpo; en otra mente y en otro lugar.
Encontrar tus besos, tus caricias y abrazos; tu olor y tu cariño en otra mujer que no seas tú. porque el volver al pasado es como intentar resucitar a un muerto, aquel muerto que nunca vivió. Aquel amor que nunca nos tuvimos pero que existió, como una estrella fugaz, cruzando el cielo de una noche de nuestras vidas.
Y recorreré cientos de caminos pero todos serán el tuyo: el mismo paisaje, la misma gente, las mismas palabras... y diré mil veces "te quiero", pero siempre será mentira; porque la única vez que habría sido verdad me callé: dos palabras que murieron en mi boca.
Y caminaré de la mano con otra, pero será tu mano la que apriete; y rodearé otra cintura pero será la tuya la que desee. Porque me marcaste para siempre y ni el sabor del más exquisito manjar será comparable a una caricia tuya, porque arden en mí mil infiernos que tú prendiste, porque aunque me arranque la piel a tiras no llegaré a sentir el dolor que sentí al perderte, porque es mejor estar muerto que no estar a tu lado, porque me odio y quiero matarme, porque tú eres yo.
Jesus Fernandez Robledo (chuchi) colaborador
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