martes, 6 de enero de 2009

desproporciones

DESPROPORCIONES
Esta semana he leído en la prensa diversas informaciones sobre un nuevo ataque de Israel contra Palestina, el enésimo en una larga serie de genocidios que ya dura demasiados años.
El todopoderoso gigante ultra religioso contra el modesto David fundamentalista, dos antagonistas fanáticos y locos: si uno es malo, el otro es peor.
El primero cuenta con la aquiescencia del tío Sam; lo que, de alguna manera, en España (y supongo que también en otros muchos países) añade a esta salsa el condimento político que le faltaba: Unos partidos que apoyan y aplauden a los asesinos (bueno, esto no es ninguna sorpresa) y otros que defienden la causa Palestina y musulmana (esto tampoco).
Israel ha bombardeado y masacrado pueblos y ciudades palestinas, ha asesinado gente indefensa, les ha despojado de sus casas y ha construido en Gaza el mayor campo de concentración de la historia, bloqueando la entrada de medicinas y alimentos. Limita y censura la información, expulsa y detiene a su antojo a los periodistas y disidentes políticos y, en fin, ha construido su propio “patio trasero” en Oriente.
Todo esto, con ser por sí mismo motivo de indignación, ha conseguido que la clase política española alcance nuevas cotas de absurdo servilismo y aterradora tibieza a la hora de tomar posición. Y es que numerosos políticos parecen haberse puesto de acuerdo en una cosa: el genocidio del pueblo de Palestina es simplemente una respuesta desproporcionada de Israel que se podría haber resuelto, quizá, con matar un poquito menos. Por fin hemos conseguido un nuevo concepto socio-político, y eso que parecía ya todo inventado: la desproporción.
Y es que Israel no comete una masacre, es sólo que no ha sabido, lamentablemente, guardar la proporción deseable. Imagino a los señores políticos españoles explicando este concepto a un niño palestino con las piernas amputadas por un desproporcionado misil israelí; o a esa madre que tuvo que recoger los trozos de sus hijos entre los escombros. O a esos miles de personas que se han quedado sin hogar, sin familia...
Imagino a estos preclaros y muy eminentes sabios explicando a las víctimas del 11 de septiembre o del 11 de marzo que los lunáticos musulmanes tan sólo se habían excedido levemente en sus ataques; vamos, que no habían sabido guardar la proporción adecuada. Y es que, gracias a estos grandes pensadores contemporáneos, ahora comprendo que Adolf Hitler tan solo fue un señor que aplicó una respuesta desproporcionada sobre millones de personas, que si hubiese matado un poquitín menos... vamos, que se le podría perdonar. Ahora -gracias, señores intelectuales de las proporciones- la historia de la humanidad se abre ante mí como una simple cuestión de proporciones, como el arte de la pintura y la escultura.
La inquisición española no asesinó para imponer el poder absoluto del estado, simplemente falló en su cálculo de la proporción delito/castigo, al igual que Stalin, ese señor con poco conocimiento de matemáticas que erró en sus cálculos al desproporcionar millones de personas; o los Estados Unidos que tampoco anduvieron muy finos al desproporcionar tanta gente en Panamá, Iraq, Vietnam, Hiroshima y varios etc más.
Así mismo, Pinochet, Franco y los militares argentinos no instauraron regímenes fascistas ni asesinos, sólo fueron unas víctimas más de la desproporción.
¿Que su mujer le deja y usted la mata un poquito? Desproporción. ¿Que unos chorizos entran en su casa, le dan una paliza y violan a su señora? Desproporción. ¿Que a un señor le matan a hostias en una comisaría? Desproporción. Todo está en la proporción de las cosas, queridos amiguitos,
Eso sí, ahora espero ansiosa e impacientemente que alguno de estos insignes políticos nuestros me explique más detalladamente en qué consiste, exactamente, y cuánta gente tiene que matar Israel en Gaza para guardar la proporción adecuada.

Jesus Fernandez Robledo (chuchi) colaborador